ANSIEDAD ESCOLAR EN ADOLESCENTES: señales que conviene observar en la vuelta a clase 

Septiembre supone volver a los horarios, las clases, los compañeros, los exámenes y las actividades. Para muchos adolescentes es simplemente un periodo de adaptación. Para otros, la vuelta al instituto puede venir acompañada de preocupación, irritabilidad, problemas para dormir o incluso un intenso rechazo a acudir a clase.

Como madre o padre, puede resultar difícil saber qué está ocurriendo. ¿Son los nervios normales de los primeros días? ¿Está pasando algo en el instituto? ¿Deberíamos preocuparnos?

No toda preocupación ante la vuelta a clase significa que exista un problema de ansiedad. Pero conocer algunas señales puede ayudarnos a entender mejor cómo se siente el adolescente y, sobre todo, a acompañarle sin minimizar lo que le ocurre ni aumentar involuntariamente su preocupación.

 

Dependencia Emocional

¿Qué entendemos por ansiedad escolar en adolescentes?

La ansiedad es una respuesta natural de nuestro organismo ante situaciones que percibimos como amenazantes, inciertas o exigentes.

En el contexto escolar, un adolescente puede sentir ansiedad ante los exámenes, las relaciones sociales, las expectativas académicas, la posibilidad de cometer errores o simplemente ante los cambios asociados al comienzo de un nuevo curso.

Hasta cierto punto, sentir nervios es normal.

El problema aparece cuando ese malestar es intenso, se mantiene en el tiempo o empieza a interferir significativamente en su vida cotidiana.

La ansiedad escolar no siempre se manifiesta diciendo “tengo ansiedad”. De hecho, durante la adolescencia puede expresarse de formas muy diferentes.

 

¿Por qué la vuelta a clase puede generar ansiedad?

Volver al instituto implica afrontar muchos cambios al mismo tiempo.

Después de varias semanas con horarios diferentes y menos obligaciones académicas, el adolescente tiene que recuperar rutinas, madrugar, organizar tareas y volver a enfrentarse a las exigencias del curso.

Pero no todo tiene que ver con los estudios.

 

La presión académica

Las notas, los exámenes y las expectativas sobre el futuro pueden convertirse en una fuente importante de preocupación.

Algunos adolescentes sienten que deben obtener buenos resultados constantemente. Cuando existe mucha autoexigencia, un examen puede dejar de percibirse como una prueba concreta y convertirse en algo que pone en juego su propia valía.

 

Las relaciones con los compañeros

La adolescencia es una etapa en la que pertenecer al grupo y sentirse aceptado adquiere una importancia especial.

Cambiar de clase, reencontrarse con determinados compañeros, sentirse excluido o tener dificultades para hacer amigos puede hacer que la vuelta al instituto resulte especialmente complicada.

También conviene prestar atención si existe algún conflicto, aislamiento o situación de acoso.

 

Los cambios y la incertidumbre

Un nuevo curso puede significar profesores distintos, nuevas asignaturas, compañeros desconocidos o incluso un cambio de centro.

No todos los adolescentes se adaptan a estos cambios al mismo ritmo.

 

El miedo a equivocarse

En adolescentes muy perfeccionistas o autoexigentes puede aparecer un miedo intenso a cometer errores, decepcionar a los demás o no estar a la altura.

Esto puede traducirse en estudiar durante demasiadas horas, evitar determinadas situaciones o experimentar un gran malestar ante cualquier resultado que consideren insuficiente.

 

Señales de ansiedad escolar que podemos observar

La ansiedad no se manifiesta igual en todos los adolescentes.

Por eso es importante no fijarse únicamente en una conducta aislada, sino observar si existe un cambio respecto a su forma habitual de comportarse y cómo evoluciona con el paso de los días.

 

Síntomas físicos frecuentes

En algunos adolescentes, el malestar aparece principalmente a través del cuerpo.

Pueden surgir:

  • dolor de cabeza o de estómago;
  • náuseas o sensación de mareo;
  • tensión muscular;
  • cansancio;
  • dificultades para dormir;
  • sensación de falta de aire o palpitaciones.

Es importante no asumir automáticamente que un síntoma físico se debe a la ansiedad. Si existen molestias frecuentes o preocupantes, es recomendable consultar también con el profesional sanitario correspondiente.

 

Cambios emocionales

La ansiedad tampoco siempre se parece a estar visiblemente nervioso.

Puede manifestarse como irritabilidad, enfado, llanto, preocupación constante, sensación de bloqueo o cambios bruscos de humor.

Un adolescente que parece estar “de mal humor todo el tiempo” puede estar teniendo dificultades para gestionar algo que le preocupa.

 

Evitación del instituto

Una señal que merece especial atención es la aparición de excusas frecuentes para no acudir a clase o un rechazo intenso ante la idea de ir al instituto.

Puede empezar con frases como:

“No quiero ir mañana.”

“Me duele la tripa.”

“No puedo entrar.”

“No voy a poder hacerlo.”

En lugar de interpretar inmediatamente estas conductas como pereza o falta de responsabilidad, puede ser útil preguntarnos qué está intentando evitar y qué hace que esa situación resulte tan difícil.

 

Mi hijo adolescente no quiere ir al instituto: ¿qué puedo hacer?

Cuando un adolescente se niega a ir a clase, es comprensible que aparezcan la preocupación y la frustración.

Sin embargo, entrar directamente en una discusión suele dificultar que podamos entender qué está pasando.

 

Escucha antes de intentar solucionar

Podemos empezar con preguntas abiertas y tranquilas:

“¿Qué es lo que más te preocupa de volver?”

“¿Hay algún momento del día que se te esté haciendo especialmente difícil?”

“¿Ha ocurrido algo con alguien de clase?”

El objetivo inicial no debería ser obtener una respuesta perfecta, sino crear un espacio en el que pueda hablar sin sentirse interrogado.

 

Evita minimizar lo que siente

Frases como “no es para tanto”, “todos hemos ido al instituto” o “tienes que espabilar” pueden decirse con intención de tranquilizar, pero el adolescente puede interpretarlas como una señal de que no estamos entendiendo su malestar.

Validar no significa estar de acuerdo con todo ni permitir cualquier conducta.

Podemos decir:

“Entiendo que ahora mismo te esté resultando difícil. Vamos a intentar comprender qué está pasando y ver cómo podemos afrontarlo.”

 

Ayúdale a recuperar rutinas

El sueño, los horarios, las comidas y los momentos de descanso influyen en nuestra regulación emocional.

Durante las primeras semanas de septiembre puede ser útil recuperar progresivamente horarios estables y evitar llenar la agenda de obligaciones desde el primer momento.

 

Evita que toda conversación gire alrededor de las notas

Cuando un adolescente percibe que gran parte de la atención familiar está centrada en su rendimiento, puede acabar asociando su valor personal a los resultados académicos.

Interesarnos por cómo se siente, sus amistades, sus intereses o lo que está aprendiendo puede ser tan importante como preguntar por un examen.

 

¿Son nervios normales o deberíamos pedir ayuda?

No existe una única señal que permita establecer dónde termina una adaptación normal y dónde empieza una dificultad que necesita apoyo profesional.

Puede ser conveniente consultar cuando el malestar:

  • es intenso o persiste en el tiempo;
  • dificulta acudir al instituto con normalidad;
  • afecta significativamente al sueño, la alimentación o las relaciones;
  • provoca un sufrimiento importante;
  • genera evitación frecuente de situaciones escolares;
  • interfiere en diferentes áreas de su vida.

También es importante valorar el contexto y explorar qué puede estar ocurriendo detrás de ese malestar.

Pedir orientación profesional no significa necesariamente que exista un trastorno psicológico. En ocasiones, permite comprender mejor la situación y encontrar herramientas para afrontarla antes de que el problema aumente.

 

Cómo puede ayudar la terapia psicológica a un adolescente con ansiedad

La terapia ofrece un espacio en el que el adolescente puede expresar lo que está viviendo sin sentirse juzgado.

Dependiendo de cada caso, el trabajo psicológico puede ayudarle a comprender cómo funciona su ansiedad, identificar qué situaciones la desencadenan, aprender estrategias de regulación emocional y desarrollar una relación más flexible con sus pensamientos y preocupaciones.

También puede trabajarse la autoestima, la autoexigencia, las habilidades sociales o la manera de afrontar situaciones que hasta ese momento estaba evitando.

Cuando resulta adecuado, la colaboración con la familia también puede ser una parte importante del proceso.

El objetivo no consiste en eliminar cualquier nervio o preocupación —son emociones que forman parte de la vida—, sino en ayudar al adolescente a relacionarse con ellas de una forma que no limite su día a día.

 

Acompañar también significa observar

La adolescencia trae consigo muchos cambios, y no todos los días difíciles son señal de que exista un problema.

Pero tampoco tenemos que esperar a que el malestar sea extremo para prestarle atención.

Escuchar, observar los cambios, mantener abiertas las vías de comunicación y evitar juicios precipitados puede ayudarnos a comprender mejor qué necesita nuestro hijo o hija.

Si notas que la vuelta al instituto está generando un malestar intenso o que la ansiedad está interfiriendo en su vida cotidiana, en TeCla Psicología podemos ayudaros a valorar qué está ocurriendo y acompañar al adolescente y a su familia durante este proceso.

 

 

Preguntas frecuentes sobre ansiedad escolar en adolescentes

 

¿Es normal tener ansiedad al volver al instituto?

Es habitual sentir cierto nerviosismo ante el comienzo de un nuevo curso, especialmente cuando existen cambios de compañeros, profesores o exigencias académicas. Conviene prestar más atención cuando el malestar es muy intenso, persiste o interfiere significativamente en el día a día.

 

¿Cómo sé si mi hijo tiene ansiedad escolar?

No podemos determinarlo únicamente por una conducta. Algunas señales que pueden aparecer son preocupación intensa, irritabilidad, problemas de sueño, molestias físicas recurrentes relacionadas con la asistencia a clase o evitación del instituto. Una valoración profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.

 

¿Qué hago si mi hijo adolescente no quiere ir al instituto?

Antes de asumir que se trata de falta de responsabilidad, intenta conocer qué hay detrás del rechazo. Puede existir miedo a los exámenes, dificultades sociales, conflictos con compañeros, alta autoexigencia u otras circunstancias. Si la negativa es intensa o recurrente, es recomendable buscar orientación profesional y coordinarse con el centro educativo cuando sea necesario.

 

¿La ansiedad puede provocar dolor de barriga antes de ir a clase?

La ansiedad puede acompañarse de síntomas físicos como molestias gastrointestinales, dolor de cabeza, tensión o náuseas. Sin embargo, no conviene atribuir automáticamente los síntomas físicos a causas psicológicas; si son persistentes o preocupantes, deben ser valorados por el profesional sanitario correspondiente.

 

¿Cuándo debería acudir a un psicólogo con mi hijo adolescente?

Puede ser recomendable consultar cuando el malestar se mantiene, genera sufrimiento significativo o empieza a afectar a la asistencia a clase, el descanso, las relaciones familiares y sociales u otras áreas importantes de su vida.

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